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El protector solar es un excelente ejemplo de cómo la química funciona de manera inteligente en nuestra rutina.

El protector solar es un excelente ejemplo de cómo la química funciona de manera inteligente en nuestra rutina.

El protector solar es un excelente ejemplo de cómo la química funciona de manera inteligente en nuestra rutina.

15/05/2025

Pasó el verano, pero no el sol.

El protector solar no es un producto de temporada, y la ciencia que lo sustenta es fascinante.


Hay dos mecanismos de protección principales:


Físicos (o minerales): utilice partículas como óxido de zinc o dióxido de titanio para crear una barrera reflectante. Actúan como pequeños espejos que desvían los rayos UV de la piel.


Productos químicos (u orgánicos): contienen moléculas que absorben la radiación UV y lo convierten en una cantidad mínima de calor, inofensiva para el organismo. Actúan antes de que los rayos lleguen y dañen el ADN celular.

La diferencia está en el mecanismo, pero el objetivo es el mismo: protegen la estructura de la piel contra las radiaciones ionizantes.


Fuera del verano, esta protección sigue siendo esencial: la radiación UVA, que provoca un envejecimiento prematuro y daños profundos, permanece constante durante todo el año.


¿Y en la industria? El mismo principio de protección radiológica selectiva aparece en formulaciones de recubrimientos, aditivos y productos que requieren estabilidad a la luz y al calor.


En ADDITIVA, trabajamos con tecnologías que protegen de forma inteligente los materiales y las superficies, a menudo inspirándonos en los mismos principios básicos de la protección de la piel.

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